A pesar de ser verano, la actualidad viene tan cargada de noticias que no sabe uno cuál comentar. Hoy, por ejemplo, hemos sabido que el Papa se ha lesionado una muñeca, que el proceso contra César Alierta (el de la información privilegiada) ha sido archivado por haber prescrito el delito (¡otro que se va de rositas con las perras en los bolsillos!) y que el Sr. Bárcenas (que sigue sin dimitir y sin ser dimitido por el gran líder del centro español) ha sido ya imputado por el Tribunal Supremo. En días previos han sido noticia la muerte del niño Rayán, la persistencia del alarmismo con la gripe A y algunas otras cosas interesantes.No quisiera dejar de comentar el caso de la muerte accidental del niño Rayán, profusamente aireado por la prensa, caso en que las nefastas autoridades sanitarias de Madrid, para tapar las carencias de su gestión y su empeño privatizador de la sanidad, han cargado toda la culpa sobre una indefensa enfermera, destrozada psicológicamente, que se equivocó porque no debería haber estado donde estaba. Sepan los lectores que con la política de “barra libre” por un lado (es decir, usuarios sigan colapsando los servicios sanitarios, que para eso pagan) y con los descarados escarceos privatizadores (y no sólo en las comunidades del PP), la sanidad pública están llegando a tal punto de deterioro y ebullición que quizás algún día los “indios nos cansemos de tanto jefe” y nos sublevemos. Esta desgraciada muerte es la prueba palmaria de la ya casi dramática situación en que se encuentra el sistema sanitario público español, otrora dechado de virtudes.
Pero donde más me gustaría centrarme en este artículo es en último barómetro del CIS, publicado el día 15 de julio. En ese barómetro, la clase política y los partidos políticos se sitúan dentro de las cinco mayores preocupaciones de los españoles, por encima de la vivienda y la seguridad ciudadana. El estudio muestra a las claras que casi 13 de cada 100 españoles perciben ya a los políticos no como la solución para los problemas nacionales, sino como la causa de los mismos. ¿Sorprendente? Pues no, no creo que sea nada sorprendente: se lo están ganando a pulso.
Que sigan, que sigan por el camino que van, que así seguirá aumentando el número de descontentos y quizás, y por desgracia, en un futuro no muy lejano, un nuevo general se brinde a salvar a la patria; muchos están esperando ese día para repetir lo que hicieron el pasado siglo. ¡Listas abiertas ya!



