martes, 3 de junio de 2014

To be, or not to be, that is the question.



Genéticamente azul, me "convertí" al comunismo durante mi carrera universitaria; el cambio puede parecer brusco pero no lo era tanto, que incluso a los compañeros se les podía seguir denominando de la misma forma. Unos años después, asqueado por lo visto y vivido, dejé la política activa y me hice un votante compulsivo del PSOE, partido con el que me identifiqué durante mucho tiempo. Ahora soy un ecléctico abstencionista, un francotirador de la política. Viví 21 años en una criminal dictadura; ahora habito en una democracia formal, que no real por mucho que haya un rey a su cabeza. A punto de cumplir los 60 años, la experiencia acumulada ha labrado mi actual forma de pensar y de entender la vida.

Pienso que nadie debe ser algo por ser hijo de alguien y no creo en el origen divino del poder. No me va, pues, la monarquía como forma de estado, por anacrónica e injusta: soy republicano. Durante más de 30 años estuve dando las gracias al Borbón por haberme salvado la vida, hasta que pasado el tiempo supe que no sólo no me la salvó, sino que quizás pudieron ser él y sus intrigas quienes a punto estuvieron de quitármela el infausto 23F de luctuoso recuerdo. Le fui agradecido, le defendí cada ve que tuve oportunidad porque pensaba que era el guardián de la democracia que había permitido el más largo periodo de libertad conocido en la historia de España.

Ayer, el Borbón nos dio una sorpresa al común de los españoles: dijo que abdicaba de la corona para dar paso a una nueva generación, a su hijo. Cuáles han sido las causas últimas de su abdicación no las sabemos aunque las intuimos; no vienen al caso. La cosa es que su marcha no ha podido venir en un momento más inoportuno para un país hundido por la corrupción, la crisis económica y social, las demandas territoriales y el descrédito de las instituciones. El momento no ofrece la tranquilidad que la cuestión de un cambio de régimen requiere. Tras el europeo descalabro electoral del régimen del 78, esta abdicación ha enfervorizado a masas ansiosas de un justo cambio que nos conduzca a un nuevo paradigma de menos miseria ética, social y económica. El paralelismo con otra monarquía que cayó tras unas elecciones municipales parece notorio.

Comprendo las prisas de esos jóvenes sin futuro, de esos parados a los que debe aterrar el día a día, de esos padres que no pueden dar a sus hijos lo que quisieran, de esos emigrantes sin sanidad…; habría que ser un insensible capitalista para no comprenderlos. A estas personas se les bombardea con el mantra de que la solución está en la III República, por eso parecen anhelarla, es muy comprensible, pero se les oculta parte de la verdad, una parte sustancial de la verdad. No se les explica que la república es sólo una forma de estado, mucho más justa que la monarquía, pero nada más. Muchos tiranos han esclavizado a sus pueblos bajo una forma republicana del estado. Y como, interesadamente, no se le explica, el personal piensa que una nueva república, que se mira en la añoranza de la II, pondrá final a los males de España. Esto no es cierto; no, no lo es. Más, la inestabilidad que se produciría en las circunstancias actuales podría dar al traste con nuestras libertades.

La introducción ha sido larga, lo he creído necesaria, ahora al grano. Yo, un españolito de a pie al que algunos piden su opinión sobre el tema, tras estar reflexionando desde ayer quiero decir que: 1.- Soy republicano por convicción pero no creo que sea el momento para que se produzca un cambio brusco y traumático de régimen. 2.- Por tanto, creo que Felipe VI debe ser proclamado rey de España. 3.- Una vez en el cargo, Felipe debería plebiscitar su reinado mediante un referéndum en el que los españoles nos definiéramos sobre la forma de estado. 4.- Si ganáramos los republicanos, la nueva III República no podría mirarse en el espejo de la II, régimen añorado más por cómo murió que por cómo “vivió”. 5.- Ganare quien ganare el referéndum, el siguiente paso debería ser un cambio de la ley electoral y posterior convocatoria de Cortes constituyentes para diseñar un nuevo escenario. Esta es mi personal postura.

1 comentario:

Gema dijo...

Gracias por compartir tu reflexión. Yo tengo más prisas y , a pesar de los riesgos, creo que el cambio o se hace ahora o se postergará sine die.